sábado, 27 de octubre de 2018

BARRIO DE LAS LETRAS IV (I)

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La Real Fábrica: productos elegidos hechos en España
En la Ferretería, nuevo restaurante de la calle de Atocha
Hoy nos hemos ido de tiendas, músicos, escritores, muebles singulares, iglesia y festín al Barrio de la Letras. El paseo ha empezado por mi tienda de tejidos favorita: Ribes y Casals, en la calle de Atocha 26, una finca elegante donde vivió Jacinto Benavente. El encargado, José Antonio García, nos ha relatado el pormenor del negocio, incluyendo el cambio radical que supone la entrada del mercado chino en el sector. Después, nos ha mostrado diferentes paños, comenzando por la empesa, que es la fase más tosca del paño, recién salido  del enjullo y tras ser frotado con la masa que le da cuerpo y protege la urdimbre. Vista y tacto se aúnan en estos comercios para ponderar debidamente la mercancía. Así, el señor García nos ha dado a tocar, sedas, lanas, tejidos naturales, mixtos y químicos. A continuación visitamos la mercería que tienen en la primera planta, donde también está la sección de cortinas y tapicería.
Desde Atocha nos hemos dirigido a la librería de Moya, en Carretas, que sigue en manos de la misma familia desde su fundación. Es, sobre todo, librería médica, y allí tuvo tertulia Santiago Ramón y Cajal.  Eduardo Rivera, boutique de ropa con un cierto estilo, en la Plazuela del Ángel, hoy  plaza, vaya usted a saber por qué, ha sido la primera de las tiendas de ropa que hemos recorrido. Han seguido: Ojalá, en Huertas, con sus vestidos inconfundibles, adornados con espiral y líneas derivadas, y sus chaquetas en dos tonos realmente estilosas; Ulises Mérida, cuyas camisas blancas, abrigos de línea de capa y bolsos merecen mucho la pena; la singular y recóndita iglesia de las Esclavas, que tiene un artesonado muy interesante y una claraboya arabizante muy llamativa; la preciosa tienda de ropa en Jesús, frente a la Dolores, con un patio lateral cerrado y sus ventanas espejadas en el interior, trampantojizadas. De ahí hemos ido a Moratín para visitar la boutique La Romería, con su trapillo garboso, y mi tienda de muebles predilecta: El modernario. Lo malo es que no tengo posibles para sus precios: una escueta librería de roble, donde caben las Obras Completas de Ramón y nada más,  elegantísima, eso sí, cuesta 17000 euros. Too much. El propietario de la tienda quería negociar conmigo, pero no ha lugar. (Perdón; eran 1700, no 17000).

domingo, 21 de octubre de 2018

TERTULIA DE HOY EN POMBO SOBRE LA VIUDA BLANCA Y NEGRA


Tertulia sobre La viuda blanca y negra (o los amoríos tenebrosos de Cristina y Rodrigo un tórrido verano madrileño)



La primera tertulia de la segunda temporada, tras celebrar la del primer aniversario, se sumergió en una de las novelas más atractivas, amatorias y perversas  de Ramón: La viuda blanca y negra. Acudió a la cita el mejor  hermenéuta de la greguería, César Nicolás,  quien nos deleitó de nuevo con su  chisposo y raudo  verbo;  además, se incorporó como nueva tertuliana nuestra soprano de plantilla:  Amparo Cañizares. Sea muy bienvenida.
Mila Gonzalvo, miembro de nuestro grupo desde la convocatoria del aniversario, vino elegantísima, ataviada como Cristina, la Viuda protagonista, con su pena de gran caída hasta por debajo de la cintura, y su largo collar lúdico- coqueto en blanco y negro, como su piel y su vestimenta, respectivamente.
Vayamos, ahora, al grano de la novela, erótica,  urbana, paródica del folletín modernista, de lengua exuberantemente voluptuosa, con sucesión de  imágenes madrileñas y parisinas  potentes, a modo de fogonazos expresionistas, a lo George  Grosz, relato de joven a la búsqueda del amor y mujer vampírica y un poco pérfida, breve incursión de la crónica negra, y ante todo, fijémonos en la manera única, como de Ramón, de contar, demorar, envolver, poetizar e infundir vivacidad y dramatismo a la narración. 
Rodrigo conoce a la atractiva Viuda en el funeral sin difunto, de una iglesia con exvotos, donde nada es más que lo que aparenta: el primer acto de una  representación con sesgo dubitativo.
Antes de terminar la ceremonia, el casi seducido muchacho, que vive en casa paterna,  sella el comienzo del vínculo con la dama blanca de negro pasándole, dedo sobre dedo, el agua bendita. 
Al día siguiente, se citan en la glorieta destechada de un parque con múltiples puertas, que semeja mucho al Retiro. 
La canícula madrileña envuelve y anima los amoríos de Rodrigo y Cristina en el piso de la presunta Viuda, en una calle anónima de Chamberi, recuerdo, tal vez de Luchana, donde vivió Carmen de Burgos.
Encuentros amatorios, sospechas de que Cristina pudiera no ser lo que Rodrigo creía que era, habladurías de sirvientes, salida de los amantes  a la verbena en simón, observados  por luces y balcones rutilantes; visita melancólica y nocturna  del suspicaz y dubitativo Rodrigo al café bohemio; espejos engañosos, viaje de la pareja desparejada a París; cabaret, teatro, restaurante con espejos obsesionantes y celos inmensos de Rodrigo al verificar que Cristina ya había estado en el hotel donde se albergan. 
Crece, pues siempre cabe más, la tensión de Rodrigo. 
Regresan ambos a Madrid, y, un día, la Viuda,  la burladora de Rodrigo a quien, tozuda, rehusó tutear, se convierte, al fin, en viuda. 
Para concluir, oigamos sus voces – y al narrador- por un momento:
 

-¿Qué has encontrado al volver? ¿Alguien te amenaza con tornar?
 -El que podía venir ya no vendrá nunca. He encontrado sobre mi mesa una esquela de defunción.
El luto de la viuda blanca y negra se había descolorido y llenado de una certidumbre vulgar.
Y Rodrigo se fue a su casa como el muerto que, a raíz de la muerte, comienza a ver el mundo de una manera muy diferente.























 



SINCRONÍAS

UN 18 DE OCTUBRE DEL 1955 MUERE EN MADRID JOSÉ ORTEGA Y GASSET.  HOY,18 DE OCTUBRE DEL 2018, LOS PARLAMENTARIOS APRUEBAN EL REGRESO DE LA FILOSOFÍA AL BACHILLERATO. HABRÁ QUIEN PIENSE QUE ES UNA COINCIDENCIA, PERO JUNG, CON MUY BUEN OJO, LO LLAMARÍA SINCRONICIDAD.

sábado, 20 de octubre de 2018

TRAMPANTOJO DE LA FOTÓGRAFA REFLEJADA


Tiene razón Time Out. Lavapiés es un barrio único. A dos zancadas de mi casa, está la galería Helga de Alvear, que acoge una exposición de Helena Almeida. La singular artista portuguesa acaba de dejar este mundo. He aquí mi pequeño homenaje. De su obra, Helena decía que era su cuerpo, como recuerda esta nota de la Gulbenkian de Lisboa:

Pintura Habitada

Helena Almeida afirma na sua obra uma espécie de litania: a minha pintura é o meu corpo, a minha obra é o meu corpo. É evidente o desejo de que a pintura e o desenho se tornem corpo, de que se anule a distância entre corpo e obra.
De regreso de la visita a la galería escribí la nota anterior, sin percatarme de que me había entrometido, sin quererlo, en la imagen. Ahora mi cuerpo está como si estuviera en el cuerpo de Helena, no sé cómo no me di cuenta de ello cuando puse las fotos en mi FB. Cosas de la atención, que nos vela y nos descubre a sabor. Hoy, quién sabe por qué, he descubierto el desdoble y la superposición, la figura  imantada coloca al espectador con gran tino, en un ángulo bien delimitidado, como buscado a conciencia, sin rebose ni alabeo.


lunes, 15 de octubre de 2018

EL LÓGOS DEL MANZANARES EN COBALTO TORNASOLADO

Ayer, paseando por Madrid Río, saqué esta foto que acabo de ver y me ha parecido singular y algo inquietante. Cuánto me gusta lo que dice Ortega en las Meditaciones del Quijote, hace más de cien años: “Para quien lo pequeño no es nada no es grande lo grande”. No sé si algún pintor podría fraguar este azul  cobalto tornasolado que irradia el agua, pero el domingo percibí algo singular. Había corriente, el Manzanares era lo que es, lo que le procura su encanto: un arroyo de montaña con un nacedero de los más bellos que he visto, en el Ventisquero de la condesa, donde los berrocales de la Pedriza nos ofrecen un espléndido taller de escultura y la luz nos regala un celaje único, que te levanta,  como exclama Unamuno: "Tú me levantas, tierra de Castilla,
                                            en la rugosa palma de tu mano,
                                             al cielo que te enciende y te refresca,
                                              al cielo, tu amo.
                        

domingo, 14 de octubre de 2018

TERTULIA RAMONIANA, EL 21 DE OCTUBRE CON SUGERENCIAS PARA LOS CIRCUNSTANTES PARTICIPATIVOS

Un psicoanalista hipermétrope debió de redactar la entradilla de la cubierta. Así, se le escapó el humor, la parodia del folletín modernista, las brillantes vistas urbanas de Madrid y sus balcones cuando Cristina y Rodrigo van de verbena, la voluptuosidad de la misa de difuntos sin difunto, la primera cita en la plazoleta destechada del parque del Retiro, el ambiente nocturno del café bohemio, el hotel de Madrid y el de París, el relato del crimen de Madrid Moderno, y qué decir de la lengua de Ramón, sus símiles, personificaciones inquietantes, hipérboles y greguerías, o sus greguerías y otros vástagos.
No la tengo yo a La viuda por la mejor novela de Ramón. No es el El incongruente, delicia de narración y de personaje, ni El hombre perdido, ni Rebeca, ni La Nardo, pero sus atractivos rebasan con creces lo que dice la nota, que valdría para una novela de Felipe Trigo, Eduardo Zamacois o, si me apuran, de Corin Tellado.
Ramón siempre encalabrina, más o menos, eso sí.  Hasta en La Roja, y ya es decir. Y esta novela bien vale una tertulia.
De sus muchas calidades hablaremos el domingo 21, a partir de las 13’0h, en Pombo, Guillermo Rolland 7,
casa natal de Ramón

Hola, a todos.  La tertulia es más amena y fructífera si cada uno lleva algo específico preparado para comentarlo y hacer calas. Como supongo que ya hebéis leído el libro, quería sugeriros -amén de la lengua, que es lo principal y más singular en Ramón- algunos pasajes  y motivos  muy interesantes de La viuda, para que cada cual elija, si le parece, alguno. 
1. La indumentaria de Cristina y su relevancia en la simbología del personaje. 
2.El verano tórrido madrileño como acicate erótico
Escenarios pintados con  los fogonazos expresionistas tan sugerentes y característicos de Ramón:
3. La iglesia del capítulo primero
4. El parque (que es el Retiro aunque no se mencione) en la primera cita, capítulo segundo 
5.La intromisión de la crónica negra en el crimen de Madrid Moderno, capítulo XII.
6.Vistas de Madrid desde el simón camino de la verbena, capítulo XV.
7. El café bohemio en agosto, capítulo XVI
8.París:
-El cabaret, capítulo XXVII
-El teatro, capítulo XXX
-El restaurante y los espejos, XXXI
9. Motivos muy recurrentes en el novelismo ramoniano:
- La búsqueda de la amada
-La obsesión y sus fantasmagorías
-Los espejos y su peligro, IX
 Por último, no olvidéis que en las novelas de Ramón la trama no es lo único interesante. Lo principal es todo el mundo de imágenes, personificaciones y sugerencias que suscita su forma de contar y de decir, tan personal y tan atractiva. Pero eso se aprecia bien justamente cuando ya se conoce la trama y la atención lectora se centra en la escritura y sus peculiaridades.

Feliz lectura a todos. 
Un beso,
Concha





sábado, 6 de octubre de 2018

SARDINAS Y ZARZUELA

Me he encontrado estas sardinas en la plaza y ahí están. No las iba a dejar. Me recuerdan a las sardinas de cuba que vendían en los ultramarinos de antaño. Están prensadas y saladas, y son muy sabrosas, pero cuesta despegar la carne. Hay que prepararlas envolviéndolas en papel de estraza y pillándolas con la puerta. Luego se desmigan y se aliñan con aceituna negra cacereña y cebollitas. Así es como las preparaba mi
madre. Las sardinas me han dado tanto ímpetu que me he ido corriendo a la Zarzuela, a ver “Cosacos del Kazán...” con Rocío Ignacio  en el papel de la princesa Katiuska, del
maestro Sorozábal, con un inmenso Carlos Álvarez, el soviet desgarrado en el dilema eterno: honor o amor. Bonita, bonita función, con una música deliciosa, y, mi cantante favorita, la que mejor modula, la de la voz cálida, la que baila el mantón como ninguna otra, la de más garbo, la extraordinaria actriz  y soprano Milagros Martín en el papel de Olga.




jueves, 4 de octubre de 2018

TERTULIA RAMONIANA: CONVOCATORIA PARA OCTUBRE

HOY ES DÍA 4 DE OCTUBRE! Y LOS AMANTES Y DEGUSTADORES DE LA MEJOR LITERATURA CELEBRAMOS NUESTRA FIESTA EN RECUERDO DE LA FECHA DE LA TRIBULACIÓN DE GREGORIO-FARONI, UNO DE LOS DOS PROTAGONISTAS DE JUEGOS DE LA EDAD TARDÍA, DE LUIS LANDERO, NOVELA GRANDIOSA QUE, A PUNTO DE CUMPLIR TREINTA AÑOS, SIGUE INSUPERADA, PORQUE ES INSUPERABLE. PRONTO LE DEDICARÉ UNAS LÍNEAS. PERO NO QUIERO DESVIARME DEL OBJETO DE ESTA NOTA: LA CONVOCATORIA DE LA TERTULIA DEL DOMINGO 21 DE OCTUBRE EN TORNO A UNA DE LAS MEJORES NOVELAS ERÓTICAS DE NUESTRA LITERATURA DEL SIGLO XX, CON LA SONATA DE OTOÑO, DE VALLE.


TERTULIA RAMONIANA, PRIMER ANIVERSARIO

El pasado domingo, día 30 de septiembre, en Pombo, de Guillermo Rolland 7, bajo la casa natal de Ramón, celebramos el primer aniversario de la tertulia ramoniana, con tema y obra libres.



lunes, 1 de octubre de 2018

1 de octubre, homenaje a Clara Campoamor


Texto íntegro del discurso de Clara Campoamor en las Cortes https://elpais.com/sociedad/2006/10/01/actualidad/1159653602_850215.html?id_externo_promo=enviar_email




 He aquí un discurso en pro de la mujer, con argumentos bien fundados, claro, vehemente y eficaz. Y, ante todo, bien escrito, sin jerigonza confusa, hablando de sexo y no de género, como debe ser. Clara dice de sí misma que es “ciudadano”, porque el género femenino de esta voz no era habitual. Luego, se puso en circulación de forma natural, y arraigó. Pero una mujer tan inteligente y corajuda como Clara sabe sustanciar los asuntos y no pierde el tiempo con andróminas ni maltrata la lengua, como es costumbre en quienes alardean de feministas. 
La vida de Clara, nacida en el Barrio de Maravillas, fue ardua. Persona independiente, fue blanco de
 ataques de los hunos y los hotros, como escribía don Miguel. Para mí es una mujer admirable, que tuvo que hacer frente, entre otros, al lenguaraz Indalecio Prieto, para quien aquel memorable 1 de octubre se “había dado una puñalada trapera a la República”. Cosas de los partidos.

sábado, 29 de septiembre de 2018

29 de septiembre

Hoy es 29 de septiembre, día de San Miguel y del desmorir de Miguel de Unamuno.
De la cama nos viene la tristeza
Y también de la cuna la alegría...
Niebla, 1914






miércoles, 26 de septiembre de 2018

Lavapiés, el barrio más cool del mundo según TimeOut, y el más fantástico, vital e imaginativo para mí

Tiene razón Time Out. Lavapiés es un barrio único. A dos zancadas de mi casa, está la galería Helga de Alvear, que acoge una exposición de Helena Almeida. La singular artista portuguesa acaba de dejar este mundo. He aquí mi pequeño homenaje. De su obra, Helena decía que era su cuerpo, como recuerda esta nota de la Gulbenkian de Lisboa:

Pintura Habitada

Helena Almeida afirma na sua obra uma espécie de litania: a minha pintura é o meu corpo, a minha obra é o meu corpo. É evidente o desejo de que a pintura e o desenho se tornem corpo, de que se anule a distância entre corpo e obra.






jueves, 13 de septiembre de 2018

DE TRAPOS PARA LA CASA POR LA CALLE DE ATOCHA

Hoy me he ido de trapos, pero no para vestirme yo, sino mi apartamento. Me encanta ir a Ribes y Casals, un comercio de los años treinta, la época de Ortega y Ramón, en Atocha con Vélez de Guevara. (By the way, los que han estudiado en Oxford dicen “años treintas”. Se lo he oído a dos conocidos profes, historiadores, cuyos nombres no diré) En Ribes tienen unas telas muy, pero que muy bonitas. En el piso de arriba, a la derecha, encontramos una mercería de postín, del estilo de las de Pontejos, que son un auténtico vicio. (Por cierto, en portugués, mercería se dice retrosaria).Hay departamento de tapicería, confección de cortinas, cojines y manteles.
En la fachada de esta finca señorial, la de Atocha, con ladrillo visto y trabajo de forja muy vistoso, una placa singular recuerda a Jacinto Benavente, quien vivió  y murió en esta casa, muy cerca de la de la calle del León , en Las Letras, donde nació. 
Más abajo, porque el narrador dice que la trasera daba a Santa Isabel,
hacia la Glorieta, en la misma mano, vivía Andrés Hurtado, el héroe barojiano de El árbol de la ciencia.





miércoles, 5 de septiembre de 2018

¡MALDITOS BOLARDOS!

¡MALDITOS BOLARDOS!

¡Malditos bolardos! Cuando vivía en mi primera casa de Lavapiés no había bolardos dañinos y engorrosos, que te pueden desgraciar la espinilla, y

hasta la canilla entera si haces un mal quiebro porque te da una voz un amigo. Me había quedado mirando el azul y blanco de las alturas, y las curvas y altibajos de Calvario, Olmo y Olivar, con sus colores cárdeno, azafrán, ocre, sin reparar en esos espetos, porque miro a lo lejos y arriba. Y las calles estaban limpias y tranquilas, a la hora del resistero, que dice Rosa Chacel, con su hermosa lengua castellana vieja.

También me encocora -como los chismes esos, que me recuerdan a las piedras hincadas de los celtas-  el corrector de mi teléfono, que me separa castellanavieja y pretende que escriba jacarandáes en lugar de jacarandás. ¿De cuándo acá, IPhone? Te has formado un pequeño lío con las agudas en í e ú, n’est-ce pas? Aun así yo elijo, y digo menús,

que suena mucho mejor. 

El jacarandá, decimos nosotros, la jacaranda, dicen en México. Y es que el género cosa gramatical es,

aunque no se cosquen los pelmazos y las pelmazas, ministraza (que dice César Nicolás) a la cabeza, y se empecinen en confundirlo con el sexo. Del guaraní viene el nombre del árbol de las cuatro aes, el de la flor malva que menudea por las calles de Lisboa.






jueves, 28 de junio de 2018

TERTULIA EN TORNO A LO CURSI

 Décima tertulia pomboramoniana: Sobre lo cursi (y un malentendido)
                                                                
El diez es un número redondo, con resonancias homéricas y bíblicas. Nueve años dura la guerra de Troya y el décimo se resuelve. Durante nueve años se prolonga  la derrota de Odiseo por el Mediterráneo, y, el décimo, tras haber sorteado mujeres seductoras,  tentaciones, torbellinos, monstruos y otros peligros diversos arriba, solo, a su patria isleña, Ítaca, donde ha de librar batalla contra los aviesos gorrones de los pretendientes con el fin de reinstaurar el orden. 
Pasemos ahora -tras el sucinto inciso  acerca  del número diez y sus dones- a ocuparnos de nuestra tertulia y de uno de los textos más difundidos e incomprendidos de Ramón, propuesto para la ocasión  por Iñaki Estella. 
Pero antes de entrar en materia, damos nuestra cordial  bienvenida a Paula Rubio, que se sumó al grupo de parlanchines neopombianos en esta jornada tan cursi. Muy contentos de acogerla, hacemos votos porque Paula siga atendiendo nuestras convocatorias venideras.
El ensayo Sobre lo cursi vio la luz por vez primera el 1934, en la colección Renuevos de Cruz y Raya, aneja a la revista de José Bergamín , que ostentaba el mismo nombre que la editorial: + y —
Poco más de veinte páginas dedica Ramón a esta singular elucidación de lo cursi, que él describe, en primer lugar, en lo tocante a su genealogía, como una vástago del barroco. Queda delimitado con ello que los estilos sobrios, herrerianos, bauhausianos, minimalistas, geométricos o con alcances racionalistas de la índole que fuere, se verán  excluidos de su consideración.
De etimología incierta y muy debatida, hay quienes defienden, con escaso fundamento, que cursi viene de la expresión latina cursi omnia. 
Por su parte,   Ramón sostiene que tuvo su origen en Cádiz, a partir de un pintoresco personaje de sainete llamado don Reticursio, sosias de otro personaje cómico muy popular: Gedeón. El éxito del mencionado sainete fue tal que la voz de Reticursio pasó a designar al tipo estrafalario; más tarde derivó en “Sicur”, nombre que se dio a unas emperifolladas señoritas, y concluyó, tras intensa repetición y el subsiguiente trueque silábico, por dar en “cursi”.  
Pero hete aquí que la voz “cursi” es de esas que la Interlingüística considera idiosincrásicas y, por ende, poco menos que intraducibles. A Ramón, emperador, tirano y filántropo de la lengua y de las palabras, tal condición peculiar no le arredra, sino que le sucede más bien lo contrario. La singularidad del vocablo aborigen  le incita y remueve su imaginativa.
  Así, como hizo con los géneros literarios, nuestro escritor, mago en prácticas, un tanto cirujano o cocinero, maestro en las artes cisorias, y otro poco malabarista verbal  procede  a seccionar  la voz en canal, a escudriñarla,  voltearla, orearla y extraerle   savia inédita que yacía allá en lo hondo de su entraña y en el seno del barroco, antecedente y progenitor, como dijimos, de lo cursi. 
Expandida de esta guisa, la palabra alude a partir de este fundacional y amplificatorio momento a lo que antaño aludía y a lo contrario.
Para Ramón no está autorizado a definir el barroco más que quien sea capaz de vivir sentado en la acera pasional de la calle y sea algo extravagante y carente de todo punto de academicidad. 
Lo barroco, para Ramón, es, sentimental y vitalmente, lo deseado, evasivo, liberador; ni caduco ni eterno; y , para el artista, lo concibe como un bálsamo del espíritu,  el apareamiento de idealismo y realismo. Se trata de un estilo descentrado, de conato, que no obtendrá nunca el marchamo de perfecto, como humano,  rebelde, franco.
Lo barroco desvela la imposible cursilería de la piedra.  Al inicio del XVIII, cuando muere el barroco, de quien desciende, nace el ornato de rocaille o rocalla, tan característico del rococó. Luego habrá otras vertientes: japonerías, arabismos, gusto por lo orientalizante. 
Entre las muchas chiribitas que prende y desprende la palabra ramoniana en este su comentario acerca de lo cursi y sus aledaños, queremos destacar, por su agudeza y humor, la observación siguiente, que el escritor atribuye a un chascarrillero de tertulia:
“Snob es el que pide en un gran restaurant achuras o gallinejas y cursi el que pide caviar en una taberna”.
Cursi es el pudor del bien que surge entre las gentes aparenciosas y malas. Si lo cursi se aceptase y se generalizase -aventura Ramón- surgiría una humanidad buena, elegante y discreta. 
El repudio de lo cursi es lo que envenena la sociedad. Épocas de cursilería compartida fueron épocas modestas, felices y pacíficas. 
Pues bien, a partir de ahí, se distancia Ramón, como anunciamos arriba, del significado habitual del adjetivo “cursi”, es decir, del único que consigna la Academia en el DRAE, pues lo bifurca con otra acepción que no es desdeñosa ni despectiva en modo alguno.  Y ya no importa que el falso ensayista que es Ramón se esmere en explicar: “En lo que hay que insistir cuando se quiere definir lo cursi es que hay dos clases de cursi: lo cursi deleznable y sensiblero y lo cursi perpetuizable y sensible o sensitivo”.
Lamentablemente, son ( somos) muy pocos los lectores de Ramón, y muchos los del DRAE. Aunque nuestro autor ya advertía de que no estaba autorizado a definir lo barroco- ni sus secuelas y descendientes, añadimos nosotros- quien no estuviera horro de academicidad, ahí sigue, en monolito, el concepto de “cursi”. Palabra idiosincrásica, como indicamos arriba, y, en consecuencia, berroqueña, inamovible, unidimensional por condena, al parecer. 
Tenga cuidado el lector cuando use “cursi” en buena parte. El malentendido está garantizado. Quien esto escribe ha podido comprobarlo por partida doble en fechas recentísimas. Aduciré como muestra uno de los casos.
Puse en mi FB la foto de la preciosa silla del infante, de las Comendadoras de Santiago, indicando que era un ejemplo cabal de lo cursi perpetuizable y sensible, de acuerdo con la  estimativa ramoniana, y, de inmediato, me replicó una amiga culta y fina -aunque equivocada en esta ocasión- espetándome que la tal silla no tenía nada de cursi, lo cual era muy cierto si solo se consideraba la acepción académica, cosa que, huelga decir, no era el caso. Mi comentario remitía al desdoble elogioso de la voz de marras que debemos a nuestro escritor.
Así están las cosas. Afanémonos y difundamos la palabra de Ramón; mantengamos viva la tertulia y, ante todo, leámoslo una y otra vez. Su alegría melancólica, como lo cursi, abriga; su verbo prodigioso alienta y entona.




                                                 



martes, 19 de junio de 2018

MARISA AGUIRRE Y YO CELEBRANDO EL ANIVERSARIO DE NUESTRAS COMIDAS DEL COMERCIAL


EL TRAMPANTOJO DE LA PUERTA GIRATORIA

¿Cuántas puertas hay en una puerta giratoria? ¿Cuántas puertas hay en la puerta giratoria del Comercial?
Aunque está un poquito velada por la intensidad de la luz, tengo que poner la (las) puerta (s) giratoria (s) del Café de los Ensayistas, antes Hispano Expres
“Recuerdo que había un café con
puertas giratorias. Se llamaba el Hispano Exprés. Yo iba algunos sábados por allí. La primera vez me llevó mi padre. Había muchos artistas e intelectuales y se pasaban toda la tarde hablando. Claro, que yo nunca entré”.
Cap. VII. JET, por Luis Landero. (Habla Gil Gil Gil)

"Al fin se decidió a entrar: se deslizó por la puerta giratoria y pidió una copa de anís" Cap.X.


domingo, 17 de junio de 2018

24 DE JUNIO, EN POMBO

"En lo que hay que insistir cuando se quiere definir lo cursi es que hay dos clases de cursi: lo cursi deleznable y sensiblero y lo cursi perpetuizable y sensible o sensitivo." RGS
La tertulia del próximo domingo, 24 de junio, a las 13.0h, en Pombo, Guillermo Rolland 7, departirá sobre este libro. Os recuerdo que lleváis tarea. Si alguien tiene un martillo de papel, le ruego que lo lleve, ya sabéis con qué fin ritual.
Para reservar la comida, hay que escribir a reservas@cafepombo.com
¡Que lo cursi os arrope!



martes, 12 de junio de 2018

TERTULIA SOBRE LOS MEDIOS SERES

                                                Tertulia sobre Los medios seres

A propuesta de Lucía González, la tertulia de mayo, enriquecida con la incorporación de Yaritza, José Luis y Raúl, a quienes damos una cordial bienvenida,  versó sobre la obra que tanto inspiró a Jardiel Poncela: Los medios seres.
El 7 de diciembre de 1929, con un público salpicado de personajes de renombre literario tales como José Bergamín, Rafael Alberti, Enrique Jardiel, Díez -Canedo, Azorín, se estrenó en el Teatro Alkázar -que así con k se escribía a la sazón- la sola  obra de teatro de Ramón Gómez de la Serna que pisó un escenario en vida de su autor. Los figurines estaban a cargo del artista de vanguardia  portugués José Almada Negreiros.
El genio recóndito de la generación del 27, Valentín Álvarez, entusiasta admirador y seguidor  de Ramón, fue quien impulsó e hizo posible tal acontecimiento.
Ese mismo otoño la pieza se había publicado en dos entregas en la orteguiana Revista de Occidente.
 Tremendo  fue el revuelo que hubo en el teatro tapizado de granate. Acaso el empeño  de Ramón por engastar en su tejido verbal lo actual con la madera de los clásicos madrileños, Quevedo y Lope, fue el causante de que se reeditaran en los decires y haceres de pombianos y antipombianos las trapisondas de los ruidosos y hasta estruendosos chorizos y polacos que tanto animaron las corralas del Siglo de Oro. Grandísima fue la algarabía que suscitó la pieza, que mostraba a los espectadores unos personajes demediados en bicolor, con  una línea divisoria que hendía  la figura en dos, pasando por la prominencia nasal,   y conformaba  un simétrico par de mitades  por lo exterior, incluyendo la dentadura.
Cuenta el autor que la idea de caracterizar así a la mayoría de los personajes se la inspiró la visión de un cuadro del siglo XVIII que muestra a una mujer mitad viva y mitad esquelética.
A partir de dicha imagen urde Ramón una pieza de gran finura y melancolía  poéticas, con vislumbres orteguianos, especialmente de la teoría de la  perspectiva o punto de vista enunciada por vez primera en El Espectador.
La crítica, poco comprensiva en general, salvo Azorín, cuyo elogio no deja dudas,  destacó no obstante la originalidad del prólogo del apuntador así como el atractivo del tercer acto.
Algo más que la ambigua y no siempre deseable originalidad nos depara el parlamento y apóstrofe del hombre de la concha a cuestas dirigiéndose inopinadamente y contra todo reglamento al espectador y plantando su atril y palmatoria fuera del escotillón que lo alberga para, liberado de su afonía susurrante habitual, dirigir una jugosa perorata al patio de butacas.
 Distanciamiento, ruptura de la ilusión escénica, discurso de captatio benevolentiae  del autor, de quien es ventrílocuo el apuntador, declaración de principios acerca de la superioridad moral y humana del hombre incompleto y con manquedades, perspectivismo orteguiano: los actores no ven su partición; los espectadores sí, son algunos de los puntos que desgrana el descolocado parlador, son aspectos del sustancioso parlamento con que comienza la función.
Farsa fácil en un prólogo y tres actos es el subtítulo que puso Ramón a su pieza en la versión que se representó en Madrid en 1929 y en Buenos Aires al año siguiente. Antes la había tildado de comedia de transición, buen nombre para una obra sutilmente desvaída, de ambiente equívoco, con una cierta pesadumbre flotando y agobiando a los seres menguados y a los enteros, provistos estos últimos de nombres tales como Próspero y Pura. Al alzarse el telón, un almanaque luce la fecha del 10 de noviembre.
 Más que aire de celebración por el primer aniversario de boda de Lucía y Pablo,  lo que se respira es, principalmente,   desasosiego y desorientación por doquier. La viuda, Pura, ella sí que querría, y de qué manera, festejar su primer año de viudez. Del marido difunto echa en falta tan solo que no tiene quien le abra los frascos de perfume con tapón incrustado.
 Fidel, el amigo antimatrimonio, aparece por error. Irrumpe asimismo un muy curioso no invitado. No falta la amiga tardona, malqueda y comelotodo, encarnada en el personaje del medio ser Margarita.
  Por un lado discurren los usos sociales; por otro los sentimientos vivos en lo hondo de las criaturas ramonianas.
Llega el doctor negro, que no baila nunca, y la música del gramófono ahoga las conversaciones,  camufla las pullas y maledicencias de los invitados y la discusión conyugal, siempre al acecho,  al tiempo que permite que el marido celebrante piropee a Patronicio, medio ser rojo.
Alma sin rumbo, el medio ser Marrón se pasea inquieto a la procura de quién sabe qué.  Tiempo hace ya  que renunció a encontrar quien lo comprenda, le dice a la solícita anfitriona Lucía, preocupada por verlo de esa mala guisa moral; ella misma suspira y  se afana en la búsqueda de un hombre de su agrado. No lo es, empero, Hortensio, ser completo empeñado en conquistarla.
Para alivio de los lunares y demás manchas  de los medios seres, Lucía les ofrece sándwichs (sic) modernistas de vitaminas.
Entre tanto, Pablo coquetea con la glotona Margarita, a quien pide que recite algo. Los versos de La casada infiel,  de Federico García Lorca, encalabrinan al anfitrión y producen una desbandada de comensales.
El último acto tiene la misma decoración salvo el tapete de la mesita, ahora cubista, y el almanaque que muestra el 22 de noviembre.
Caqui sigue  galanteando a su prima Lucía. Comparece El que no estuvo, agente de seguros La Inmortal, con una propuesta muy particular. Una reata de medios seres fantasmagóricos entabla un duelo de sexos con Lucía, que se balancea adormecida entre la vigilia y sus fantasmas. Conocemos, luego, a Cuadritos, que llega con una comanda de Lucía; descubrimos a Rayas, que quiere disculparse ante la anfitriona; asistimos a una jugada de parchis en medio de la cual se presenta, de nuevo, el lúgubre  aguafiestas Fidel, aquel que regaló por su boda a Lucía y Pablo unos servilleteros de plata, símbolo del grillete conyugal. E, inesperadamente, asistimos a un amago de encuentro, a un cierto atisbo de entrevisión de  completud  entre los protagonistas y dos viejos conocidos, medios seres como ellos.
Un brindis  con los cubiletes del parchis  sirve de colofón a esta comedia sin fin ni moraleja, como de Ramón.

 Los medios seres no es, qué duda hay,  una obra redonda con personajes memorables de la que se desprenda una tesis ni deba extraerse lección alguna.   Sí tiene, en cambio, mucho de indagación de nuevas  formas escénicas y desatención hacia el teatro al uso.  Tal vez lo principal sea que estamos ante un delicioso y sutil retrato cubista de ambiente, con visos existencialistas de la primera época -tedio vital, incomunicación-  plasmado todo ello en unos diálogos sazonados por un ingenio contenido que preludia el mejor teatro del absurdo de los años venideros, y busca deleitar e inquietar al espectador.
 Es una lástima -y tal vez una injusticia- que Los medios seres no se haya vuelto a representar en España desde 1929, máxime si pensamos en  la de veces que han subido a los escenarios las regocijantes  -aunque bastante  menos finas- piezas de Jardiel Poncela, quien tanto debe a su maestro Ramón  Gómez de la Serna.













lunes, 30 de abril de 2018

TERTULIA RAMONIANA DEL 29 DE ABRIL SOBRE EL SECRETO DEL ACUEDUCTO

De cómo la  búsqueda obsesiva del secreto del Acueducto por parte de Pablo repercutió malamente en su acueducto de Silvio



El último domingo abrileño celebramos la octava tertulia ramoniana con bajas de solera.  Un accidente malhadado  ha dejado a nuestra querida Angelines algo maltrecha en tanto que cierta fastidiosa enfermedad nos hurtó la presencia de Manuel, voz masculina del Podcastizo, entre otros varios menesteres. Tampoco pudieron asistir Sara ni Virginia, aunque en este caso las indispuestas no eran ellas. Desde Buenos Aires nos acompañó en el recuerdo de ida y vuelta Pura, viajera  como (y con) nuestra lengua.
Pero, por fortuna, no solo hubo ausencias pues la charla ramoniana acogió gozosa la llegada de tres nuevos y entusiastas participantes: Esther Cabrera, Esther Pérez-Cossío -que son madre e hija-e Iñaki Estella.
El libro propuesto y trabajado -nuestros tertulianos van (vamos) siempre leídos, dice bien el maestro del trampantojo- para la ocasión era la novela segoviana titulada El secreto del Acueducto (1923), cuya acción transcurre de forma simultánea a la redacción, a comienzos de los años veinte del pasado siglo.
Narrada en tercera persona, no tenemos sin embargo el narrador omnisciente de la novela decimonónica stricto sensu porque el relato se ve salteado por pensamientos en voz alta de don Pablo así como por la redacción del diario de sus vivencias  y  la crónica del Acueducto, amén de las construcciones greguerísticas, ya en boca del narrador ya del protagonista o de algún otro personaje. A la polifonía antedicha se agrega, en el capítulo XX,  la voz del autor del acueducto.
 Dedicada a Ortega, esta novela indaga, entre otras hierbas, en un tema predilecto de la generación anterior a la del filósofo y Ramón, la del noventayocho: el ser de Castilla. Como bien dice su autor en esas palabras iniciales destinadas a su gran amigo: “me atrevo a dedicarle esta obra amparándome en la elevada grandeza del tema hispano que la inspira”.
Segovia, ciudad castellana de abolengo, exhibe un monumento único, no solo en la Península sino en la Romania entera: el Acueducto, pórtico y enseña de la hermosa urbe. Ramón le da alma, espíritu y vida y lo convierte en el coprotagonista de su novela. El pseudoquijotesco Pablo y el monumento granítico tienen una relación tan afectiva, loquinaria e intensa que sobrepuja con mucho a la desvaída, triste y conveniente unión del protagonista humano con su desdichada sobrina Rosario, cuyo origen nos vela el narrador.
La sexualidad y la obsesión por el Acueducto y su origen eran el centro y el afán de la vida de  Pablo, quien, a los quince años se había enredado con la esposa de un magistrado.
Viudo, con una hija descastada, monja en las carmelitas de San José, propone matrimonio a Rosario, la joven sobrina que lo cuida y vive con él.
Todo lo que puebla el paisaje del Acueducto tiene preeminencia en el relato. Las bandadas de vencejos que revolotean de un lado al otro del monumento protagonizan el capítulo IV, y varios personajes secundarios, de gran fuerza ambiental y plástica,  quedan enmarcados por la monumental construcción: la viejecita desahuciada que se cobija bajo los sillares graníticos,  el cronista de la ciudad, el tendero de los ultramarinos, los cadetes o los mirones de distinta índole y procedencia que merodean por el Azoguejo.

Castilla, cifra de España,  y lo que tiene de eterna, o eternal, como escribe Ramón,  modulan las reflexiones de Pablo al hilo de la actualidad de su tiempo. Así, al ver en el periódico del día la derrota conocida como el Desastre de Annual, suceso acaecido el 23 de julio del 1921, Pablo mira y elucubra sobre cómo  siente y supera  el Acueducto dicho percance patriótico.
No falta algún descuido del narrador, como tantas otras veces ocurre en  autores que escriben ex abundantia cordis, con el ímpetu de un fenómeno incontrolable  de la naturaleza. Tal sucede con la edad de Pablo, de quien se nos dice al comienzo de la novela que está cercano a los cincuenta y nueve, mientras que en el capítulo II leemos: “Aquel nuevo veranillo segoviano, su cincuenta y siete veranillo, le atosigaba como a estudiante cargado de romanticismo y de sangre nueva”. 
En efecto, con un cierto resabio romántico, el entorno natural e histórico se contagia del estado de ánimo del protagonista. Cuando don Pablo se angustia por el paso del tiempo y la inminencia de la ineludible vejez, el morero del jardín se pone negro y las higueras, antes optimistas, se tornan pesimistas. En el capítulo IX tenemos descripciones góticas de la noche, los locos del barranco y sonidos pavorosos por doquier al pie del Alcázar, al tiempo que el narrador evoca antiguas leyendas.

 Junto a ello, el apego a los contrastes tan característico de la prosa ramoniana, nos depara  algún que otro toque  naturalista intenso. De esta forma comienza el capítuloVI:                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        
 “Era un gran viejo don Pablo con su bragueta manchada, detalle del que no hacía caso, como si fuese de viejo trotón y muy varoniego el llevarla así.
Al describir en el capítulo XV la lúgubre y sórdida  luna de miel de Pablo y Rosario, que sufre de celos del Acueducto, el narrador extrema los tintes tenebristas: en el sombrío comedor del Parador se encuentran los novios con unos arrieros que comen como perros “triturando los huesos con los dientes”; el vino que les sirven es salvaje, no hay provisión de agua, huele a cárcel y a hospital, los ratones corretean a sabor y, para colmo de miserias, Rosario lamenta que no haya mozos que les canten un epitalamio.
El casamiento no cambió, empero, el derrotero de don Pablo, y su acezante escudriñar en pos del origen del Acueducto dio término a su ya lábil y algo mermada cordura.
Y ello que fue que nuestro desdichado protagonista, alicaído y vapuleado moralmente  por su esposa y el cura hospedado en el hogar conyugal, concluyó convirtiéndose en el loco del pueblo para regocijo de los pilluelos que hacían mofa y escarnio público del cronista del Acueducto, adosándole a la espalda un monigote denigrante para incitar a la irrisión.