sábado, 4 de noviembre de 2017

TERTULIA RAMONIANA EN POMBO

Nuestra tertulia ramoniana del último domingo de noviembre en Pombo girará o revoloteará en torno a Ismos. Este retrato magnífico, que salió no se sabe cómo de España, fue el origen del  Riverismo. Antes de la cita en Guillermo Rolland, como de costumbre a las 13'00, algunos tertulianos vistarán la exposición de Toulouse-Lautrec y Picasso en el Thyssen.










sábado, 28 de octubre de 2017

El nacionalismo según Unamuno

Se acerca el día de Difuntos y, para conmemorarlo, nada mejor que recuperar este texto excepcional donde esplende el genio de Unamuno, una de cuyas obsesiones era el Tenorio. Completaré esta afirmación con otros pasajes dispersos por su obra, como el comentario de Niebla. Poco después de este artículo, publicó su drama El hermano Juan, o el mundo es teatro, al que dedicaré entrada independiente. El donjuanismo es una de las obsesiones de segundo rango en Unamuno. O tal vez, de rango superior si la vemos, como ha de ser, vinculada a las ultratumberías. Esas obsesiones recurrentes y perpetuas de los escritores se descubren principalmente cuando descansan del hilo narrativo y aflora, sin que lo quieran, uno de estos espíritus malignos. Tal es el caso del final del capítulo XVI de Niebla, cuando Rogelio, que dialoga con Mauricio, le dice: "-¡Y que lo digas tú, Mauricio, que pasas por un Tenorio, por un seductor"! De forma parecida podemos observar cómo y cuánto agobian y flagelan los celos a Miguel de Cervantes. No basta con sus versiones de El celoso extremeño, ni con El curioso impertinente. Mucho más ilustrativo resulta leer entre líneas el Persiles y descubrir la honda reflexión sobre los celos y sus cuitas que brota aquí y allá, cuando el escritor respira un poco y deja las andanzas de sus peregrinos.

MIGUEL DE UNAMUNO
El Sol (Madrid), 1 de noviembre de 1931

En estos días, en derredor del de Difuntos, se viene desde hace años celebrando un acto de culto del catolicismo popular, laico, de España. Acto religioso y artístico. Es la celebración del “misterio” de Don Juan Tenorio. En que lo erótico, lo sexual si se quiere, no es más que una somera envoltura de lo íntimo de él. Porque en el Tenorio de Zorrilla, como en el primitivo del teólogo Tirso de Molina, en el del “si tan largo me lo fiáis...”, lo religioso, lo “misterioso”, sigue siendo lo entrañado, lo que atrae al público. ¿O es que no dice nada que sea precisamente al conmemorar los Difuntos, y junto a ellos a Todos los Santos, cuando se evoque a Don Juan? Don Juan comulga con los difuntos.

La fiesta de Difuntos, de las benditas ánimas del Purgatorio, es el núcleo de la religión popular, laica, española. Tanto o más que la Navidad o la Pascua. No hay mentecatada mayor que sostener que lo del Purgatorio lo inventó la clerecía para lucrarse con ello. Lo inventó, esto es, lo creó el pueblo; el pueblo que quiere comulgar con sus antepasados, que quiere poder hacer algo en su sufragio. Y si los cree irrevocablemente condenados o salvados, ¿qué puede valerles? ¿Y es que hay nada más popular, más laico, que ese culto a los muertos inmortales, sobre todo en las regiones más célticas de Iberia? Un gallego, un portugués, un asturiano podrán dejar de creer en Dios ―o creer que dejan de creerlo―, pero no en las benditas ánimas. Y ven, sobre todo en ciertas noches, pasar la estantigua, la “huestia”, la santa compaña, la fantasmática procesión de sus difuntos. Y este culto, probablemente anterior al cristianismo, persiste en éste y persistirá cuando este cristianismo popular, laico, español, se cuele en la religión comunista que le suceda, como en nuestro cristianismo se coló el paganismo. Paganismo de pagano, hombre del pago, campesino, aldeano. Y el hombre del pago, que no es el de la supuesta calle, seguirá creyendo en las almas errantes de los que hicieron la tierra que le hace, la tierra que labra. Las raíces de sus antepasados se hunden en su alma terrenal y terrosa.

Pero dejemos ahora esto para volver a ello y detengámonos en otra revelación misteriosa, religiosa, del “misterio” de Don Juan Tenorio. Es cuando éste dice, conmoviendo al pueblo, a su feligresía, más que con sus arrullos de seductor, aquello de: “Llamé al cielo y no me oyó, / y pues sus puertas me cierra, / de mis pasos en la tierra / responda el cielo y no yo.” Misteriosa arrogancia de desesperado a la antigua española, que plantea las responsabilidades del cielo, esto es, de Dios. Porque el cielo es aquí Dios.

Corre por ahí un dicho latino que dice: “Quos Deus vult perdere dementat prius”, “aquellos a quienes Dios quiere perder, los entontece antes”, en que otros ponen en vez de “Deus”, Dios, Júpiter. Pero el texto primitivo, griego, que lo es de un fragmento de Eurípides, no dice ni Dios ni Júpiter ―o sea Zeus―, sino que dice “el cielo”. Aquellos a quienes el cielo quiere perder entontece o enloquece primero. ¿Y no ha de recordarnos esto aquel relato del libro bíblico del Éxodo (del cap. VII en adelante) de cómo Jehová endureció primero el corazón del Faraón para que no accediera a las súplicas de Moisés y de Aarón en favor de los israelitas, y castigarle luego enviando sobre Egipto las siete plagas? ¡Divina diablura ésta de Jehová! Que me trae a la memoria aquella exclamación del hijo de un amigo mío que, al explicarle su madre lo que quería decir una estampa del Purgatorio, exclamó: “¡Pero qué cosas que tie Dios!...” En este muchachito, casi un niño, alentaba ya la misteriosa religiosidad popular española, la de Don Juan Tenorio.

Siente el pueblo toda la agorera misteriosidad del cielo, del que dijo el poeta culto que ni es cielo ni es azul. Pero es que el poeta, Argensola, se refería al cielo azul que todos “vemos”, y el cielo de Don Juan Tenorio, el de la piadosa impiedad paganocristiana de nuestro pueblo no es el cielo que se ve, sino el que se siente, el que ha de responder de nuestros pasos en la tierra. ¿Ver? ¡Bah! Cuando los racionalistas combaten la fe, que es, según el Catecismo, “creer lo que no vimos”, no se dan cuenta de que razón es creer lo que vemos. Argensola fingía ―¡literato al cabo!― no creer en el cielo azul que todos vemos; pero el pueblo ―poeta, verdadero poeta ante todo― cree en el cielo, no siempre azul, que siente, en ese cielo por el que desfila en procesión misteriosa la santa compaña; en ese cielo en que es una realidad la estatua del comendador.

¿Quién ha dicho que es irreligioso, que es incrédulo, el pueblo que acude, ritualmente, cada año a la representación del misterio de Don Juan Tenorio? Y ahora va a decirse misteriosamente, íntimamente, subconcientemente, que del último paso que ha dado el pueblo español, de este paso de un régimen a otro, de esto que llaman revolución, ha de responder el cielo. Todas las otras responsabilidades ―o irresponsabilidades― le tienen sin cuidado ni cuita. El pueblo de Don Juan Tenorio, el de Segismundo, el de Don Álvaro, el pueblo pagano y cristiano ―es decir, católico―, el del eterno Purgatorio, cree en el cielo, en ese cielo que unas veces le estraga con la sequía sus cosechas y otras se las arrasa con pedriscos o se las inunda con avenidas. Y cree en ese cielo para descargarse de responsabilidad. Y esta creencia no se la arrancaréis con pedantescas racionalidades pedagógicas. Declarad en el papel que no hay religión del Estado; pero la hay nacional, y es la del pueblo que vive de misteriosidades, y por ellas. “De mis pasos en la tierra responda el cielo, no yo.”

lunes, 23 de octubre de 2017

LA PRINCESA Y LA MUERTE, POR GONZLO HIDALGO BAYAL

https://www.elimparcial.es/noticia/182805/los-lunes-de-el-imparcial/gonzalo-hidalgo-bayal



RELATOS

Gonzalo Hidalgo Bayal: La princesa y la muerte

Gonzalo Hidalgo Bayal: La princesa y la muerte.
Tusquets. Barcelona, 2017. 184 páginas. 15 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Concha d’Olhaberriague
A comienzos del 2016 llegó a las librerías Nemo, la última novela de Gonzalo Hidalgo Bayal ((Higuera de Albalat, Cáceres, 1950), uno de los mejores escritores españoles, sin ninguna duda, por más que el reconocimiento que se le tribute sea excesivamente minoritario. Nemo es una novela aforística y simbólica de una calidad excepcional, con personajes a los que conocemos por su oficio o condición (el tabernero, el buhonero, el carpintero, el cazador, los gemelos, el escribano, el huésped o forastero, luego bautizado como Nemo, un misántropo que se convierte en mártir), lo cual consagra su carácter legendario. La obra fue premiada con el Tigre Juan, que se otorga a la excelencia recóndita.
Pues bien, el libro de cuentos que presentamos ahora, La princesa y la muerte (un libro de relatos encadenados para lectores de 8 a 88 años) tiene una factura distinta a la de Nemo, pero aun así comparte con él una cierta atmósfera y una visión sombría de la condición humana que aparece al desnudo, encarnada en los personajes y sus actos, en el mundo premoral y atemporal -o remoto- en que se sitúa la acción. Publicada por vez primera por la Editora Regional de Extremadura en 2001, Tusquets recupera ahora la obra- enriquecida con un epílogo-, en una edición que se distribuirá con mayor amplitud. Otros libros del autor han seguido la misma senda de la doble publicación, y es posible que ello haya redundado en perjuicio de su difusión más allá del reducido grupo de lectores entusiastas y fieles con que cuenta Gonzalo Hidalgo.
De la misma manera que en Las novelas ejemplares de Cervantes reconocemos el mundo del Persiles, y alguna de ellas lo contiene y anticipa en abreviatura, Nemo es el apólogo mayor, en tanto que en La princesa y la muerte tenemos muestras del mismo perfume en pequeñas dosis de menor concentración. No obstante, la lectura de La princesa y la muerte requiere un ambiente adecuado, un temple idóneo, algo de sosiego y una cierta capacidad para desasirse de lo actual. Más o menos como si fuéramos a escuchar el cuarteto de cuerda de Schubert -o el Lied homónimo- cuyo nombre, La muerte y la doncella, es inevitable recordar, o, simplemente, como cuando leemos a un clásico. Gonzalo Hidalgo Bayal ha escrito un libro que deslumbra con un brillo interior, una prosa tensa y ajustada y un sentido de la mesura de las palabras bastante insólito en nuestros días.
Los cuentos de La princesa y la muerte no comienzan ritualmente con la fórmula “Hace mucho tiempo en un país lejano”, como empezaban los que le contaba su abuela al niño Luis Landero, según sabemos los lectores de Esta es mi tierra (2002). Tienen, en cambio, otras características fijas, porque así lo ha querido su autor -en todos ellos hay una princesa y ocurre la muerte- y porque el cuento tradicional posiblemente siga siendo el género más cerrado, más estereotipado, por razones esenciales. Hay uno, “La princesa feliz”, sumamente breve (y descorazonador). También son cortos algunos cuentos de Chéjov. De un tiempo acá, se habla de microrrelato, aunque tengo la sospecha de que la actitud del escritor difiere: en el último caso, la cortedad es exigencia externa y previa; en el primero -donde entrarían Chéjov y Gonzalo Hidalgo- es resultado, pero no requisito impuesto desde fuera.
El narrador de La princesa y la muerte nos presenta a sus personajes en acción, in medias res, en pos de una misión existencial que comporta arduos trabajos y peligrosos lances. Asistimos a sus fatigas inútiles por hacer una finta al destino, sus sueños descarriados, sus errores fatales, su virtud burlada, y, como en la fábula, observamos el imperio ineluctable del más fuerte, al que más vale no contrariar por muy loables que sean los motivos para hacerlo. El poderoso es despiadado y nunca vacila cuando emite un veredicto mortal. De nada ha de servir al héroe tener buenas razones para contravenir los designios de quien manda, y, en consecuencia, no precisa de razón alguna para imponer su voluntad. De ahí que a la postre el buen ciudadano troque su piedad espontánea por la víctima en acatamiento y aceptación del cruel designio del imperturbable rey. Así en “El honrado pescador”. La princesa tampoco es ejemplar. Entre el amor y el dinero de un mercader, cabe que elija lo segundo y se deshaga cruelmente del amante caballero. Así en “La princesa feliz”. Algo del mismo jaez encontramos en “El espejo”, prodigio de cuento de terror y misterio en miniatura.
No son cuentos complacientes para el lector. Por eso interesan, inquietan, perturban y fascinan. Dada la excelencia de cuanto escribe Gonzalo Hidalgo -y de esta compilación- no es tarea fácil elegir o destacar un cuento. Con todo y con eso hay uno que tiene una fuerza poética y sugestiva muy especial: “El monstruo de las siete cabezas”, donde al motivo tradicional evocador de la Odisea y otras narraciones míticas se une la fuerza misteriosa de la palabra oracular y sibilina junto al señuelo del número siete. Como dice el subtítulo añadido a la nueva edición, es un libro de relatos encadenados para lectores de 8 a 88 años. Y es que a su autor le gusta contemplar los números y demorarse en sus particularidades y resonancias, como también se deleita, a veces, escudriñando las palabras y sus vueltas.
Tiene el mundo de Gonzalo Hidalgo una veta más clásica y otra más barroca. Esto último lo digo pensando en otras obras suyas como El espíritu áspero (2009), una de sus mejores novelas, o La sed de sal (2013), de nombre palindrómico, igual que lo es Amad a la dama, reescritura de El celoso extremeño de Cervantes. Creador de un mundo propio y una toponimia de ficción bien conocida por sus lectores, Gonzalo Hidalgo es un escritor que tiene en su haber novelas memorables como Paradoja del inspector (2004), de genuina estirpe kafkiana, o Campo de amapolas blancas (1997), hermoso retrato nebuloso de dos muchachos y una generación, finamente trazado en un número exiguo de páginas. Su primera novela, Mísera fue, señora, la osadía, data de 1988.
La nueva edición de La princesa y la muerte contiene, al igual que la anterior, veintiún cuentos, un número múltiplo de siete. Hay, además, un epílogo, que yo recomiendo que se lea como si fuera un prólogo. En realidad es mucho más. Casi me atrevería a decir que en este ejemplar de menos de doscientas páginas, con dibujos muy acertados de personajes y lugares -como cuadra a un libro de cuentos que se precie-, tenemos, por añadidura, un tratado, que, rememorando el unamuniano Cómo se hace una novela, podríamos llamar “Cómo se hace un cuento” .
Pero las pautas y directrices que conocemos cuando el narrador-autor nos revela la fragua de La princesa y la muerte no son las que se enseñan en una escuela de letras, sino las que brotan en el taller de la vida casera, cuando un padre que pasea con su hija por la playa inventa una historia para compartirla y hasta componerla -o descomponerla- al alimón con ella, a tenor de que la niña la apruebe, censure o corte en seco, anticipando, más de lo debido, la llegada de la muerte.
“Quien es del todo comprendido por su tiempo, muere con su tiempo”, escribió Unamuno. Si el autor de Niebla no se equivoca, auguro a Gonzalo Hidalgo escritor una vida eterna.

domingo, 1 de octubre de 2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

TERTULIA RAMONIANA EN POMBO (SE ABRE EL TELÓN)

                          
                                      

Domingo septembrino,  luminoso, de verano amable y atenuado. Mediodía. 
 Calle de las Rexas, calle de las Rejas, calle de Guillermo Rolland: recoleta, bien flanqueada.  Por la Bola, la arropa la Taberna de azulejo, la del cocido en puchero; frente a la tasca, un viejo caserón de época lopesca, donde se practica la magia de la restauración; al fondo, un hermoso palacio ducal italianizante; por el otro cabo una de las plazas más bellas y sosegantes de Madrid, la de la Marina española, la del Senado, donde Canovas del Castillo corona su monumento con gesto de orador estilita.
 Es un día especial. En la casa del número 7 una lápida nos recuerda que allí nació Ramón. Él mismo, risueño,  descorrió la cortinilla que la presentó en sociedad, con su “c” de escritor queriendo ser la “g” de greguería. 
De regreso a Buenos Aires, la rememorará  en uno de los apuntes de su hermoso libro Nostalgias de Madrid.
Pombo  tiene la cara redonda de doble y rotunda o. Igual que Ramón. El azar, el destino o quién sabe qué secretos designios de la fuerza de las cosas han vuelto a unir, como siamesas de trampantojo, que se desenganchan ad libitum, a Pombo con Ramón. 
Porque la Sagrada Cripta tiene hoy su morada en Guillermo Rolland 7, bajo el café que se adentra cual largo y secreto pasadizo conventual. 
Una puerta retranqueada recibe al huésped con un mínimo zaguán,  a modo de capillita o escaparate gregueriano. Dentro, lámparas y muebles del Rastro. Latifa Latif, dublinesa, de origen persa y algo árabe, la anfitriona y artífice del feliz reencuentro pomborramoniano,  sabe que Pombo, como la nobleza, obliga. Y por eso cuida el detalle con sumo  gusto y afecto.
Pero vayamos al grano, lector. No quiero aburrirte ni que te preguntes a qué viene este prolegómeno si no te cuento -como anuncia el epígrafe- el acontecimiento notable que  tuvo lugar el domingo de marras, el  24-IX-2017, loco citato. 
Ello fue que, tras años de conciliábulos, encuentros, cenas, boletines, coloquios, paseos, homenajes por ciertos lugares matritenses -de muertos, muertas, vivos y vivas-, y otros oficios ramonianos, la escribana echaba en falta una tertulia para el disfrute multiplicado y coral de las lecturas que, al desgaire, surgían tenazmente  en nuestras conversaciones.  
Y dicho y hecho. Convoqué (la escribana pasa, por querencias del guion a la primera persona)  a un grupo de amigos -que lo somos, casi todos, merced a Ramón- para contarles el plan. La acogida fue entusiasta, unánime e inmediata.
Fijamos día y hora, fácil de recordar: el último domingo de mes, a las 13’00, con condumio, claro.
Y el pasado domingo quedó inaugurada nuestra tertulia, con la participación de dos teletertulianos de postín: Laurie-Anne Laget,  desde allende los Pirinéos; y Andrés Ballón,  desde la otra orilla del Mare Nostrum. Ambos me hicieron llegar sus hermosas y sentidas  palabras onduladas sobre la obra propuesta: Trampantojos; y yo las leí a quienes allí estábamos, ramonianos de plantilla y Alicia, una nueva y magnífica artista plástica que esperamos que nos siga acompañando. Quedamos maravillados aunque no sorprendidos. ¿Quién como Ramón para inspirar a sus devotos?
Alguno hubo  -ramoniano de primera, para más señas- que  fue víctima de sortilegio trampantojil y olvidó la convocatoria.  Se ha excusado cumplidamente, he de decir. Con todo y con eso pagará una prenda, como dice la canción popular. No obstante, guardo el secreto de la índole prendil para mayor regocijo de los circunstantes de la segunda reunión parlanchina.
Y, en fin, con tan animoso ambiente, sabrosa comida casera al calor de la lumbre y el cuidado de Lati, más los efluvios de la pipa de Ramón, aireados por su curvilíneo espíritu por entre la airosa reja ventanera, quedó rubricado y sellado nuestro deseo de volver,  volver, volver.
P.S. 
La o nasalizada que cierra el nombre de nuestro genuino convocante evoca el mantra primordial con el que se despiden los yoguis hasta el siguiente encuentro. 
El nuestro será el 29 de octubre. Salud.

                                  
                                    Concha D’Olhaberriague








lunes, 18 de septiembre de 2017

TRAMPANTOJOS VOLANDEROS Y ALGO VALETUDINARIOS, QUE NO NECROSADOS, COMO ME DIJO EL MAESTRO QUE LOS CREÓ Y PERGEÑÓ. UN POQUILLO ALABEADOS, ABOMBADOS EMBARQUILLADOS POR LAS INCLEMENCIAS, AUN ASÍ SON VISIBLES Y LEGIBLES. EL HOMBRE DEL FELIZ HALLAZGO HA TRANSCRITO DE LA CRUZ A LA RAYA ALGUNO DE ELLOS. PORQUE, SOSTIENE EL DEL FELIZ ENCUENTRO, NO TIENEN DESPERDICIO. Y POR TIERRAS ANDALUSÍES, EN EL PUEBLO CORDOBÉS DE TORRECAMPO , ANDAN ORONDOS Y REVIVOS LOS RETRECHEROS TRAMPANTOJOS, NÁUFRAGOS RESCATADOS DEL CERRO DE LAS ÁNIMAS




RAMOMAGIA

Si este cuadernillo tiene algún lector, ha de saber que la compañía Larrarramoniana tiene función (o tenía, porque este año no sé yo qué va a ocurrir) fija el 13 de febrero en la tumba de los dos escritores epónimos: Larra y Ramón, sita en la Sacramental de San Justo, en el cerro de las ánimas, que mira al Manzanares.
 Tal fue la fecha, siendo martes de carnaval, en que Mariano José decidió desnacer pegándose un tiro en la sien, en su domicilio de la calle de Santa Clara, en el barrio de Palacio, el mismo donde había venido al mundo veintisiete años antes.
En el piso superior al del Pobrecito hablador tenía su residencia el ministro  de Justicia, José  Landero Corchado, natural de Alburquerque. Al oír la detonación, bajó raudo a casa de su amigo. Mas nada puedo hacer, salvo arreglarlo para que, suicida y todo, se le velara en sagrado, un poco de tapadillo, pero poco, pues en vez de hacerse el velorio en la iglesia de Santiago se hizo en su cripta.
En nuestra procesión fúnebre-festiva no faltan nunca ni las flores ni los trampantojos conmemorativos, fina pieza de artesanía intelectual, obra del maestro trampantojil o trampantojero, (vacilo yo entre ambas voces y así  lo dejo por partida duplicada, para compensar a los medios seres) Luis de Luis Otero, embajador de Santa Luz.
Al terminar la función en la que honramos, en cada ocasión, a varios escritores -amén de los titulares-
depositamos la ofrenda de palabras y flores sobre la pétrea morada en la que Larra y Ramón -qué duda cabe- le dan a la sin hueso de lo lindo, aunque lo hagan a hurtadillas y no nos cosquemos ni un ripio.
Y ello es que los primorosos trampantojos llamaron la atención de un curioso pertinente que allí llegó un tiempo después de nuestra peregrinación. Y ha dejado noticia del hallazgo en un blog de su autoría.
Y como el maestro trampantojil es de suyo modesto, como sabio genuino que es,  no firmó la hermosa prenda. Tal hacían los creadores de la lírica y de la épica tradicional.
Pero la finura de la obrita ilustrada ha sido recuperada por quien la halló, algo percudida por el tiempo trancurrido y por el otro también, el que porta viento, lluvía, y hasta rayo con relámpago, mal organizados uno y otro según Ramón:  ¿Si ya ha caído el rayo, que fin tiene que nos avise el relámpago?
¿Qué hemos de hacer ahora? ¿Cómo lo tomamos?¿Juegos de la edad tardía que solo emprenden los que viven en la ilusión, como dice Luis de Luis ?  (Otro Luis, de apellido igual al del ministro vecino de Larra, nos prestó el precioso título de su genial  , deliciosa y algo triste novela). ¿Ramomagia? Escojan ustedes ad libitum. Yo acabo de enterarme del baile con intercambio y he salido de mi mutismo neminoso.

jueves, 17 de agosto de 2017

DEDICADO A GONZALO HIDALGO BAYAL, UNO DE MIS DOS ESCRITORES PREFERIDOS (VIVOS)

Pobre alma desiludida,
tu mal é nâo esquecer
que tudo falha na vida...


Um coraçao que nâo crê
na mentira cegamente,
coraçao feliz nâo é.



Miguel de Unamuno: "Manuel Laranjeira". Homenaje del escritor español a su amigo portugués, de quien son los versos, tras enterarse de su muerte voluntaria.  Se publicó en La Nación, Buenos Aires, 8-IV-1912. La composición a la cual pertenecen los versos se titula, como el libro que los cobija, Comigo. Diálogo com a minha alma. Su autor era médico de profesión, y este es el único libro que dejó escrito.  La correspondencia entre ambos amigos es digna de ser leída.

miércoles, 16 de agosto de 2017

LISBOA, RUA RODRIGO DA FONSECA 22, SÂO MAMEDE

Rua Rodrigo da Fonseca 22. Muy cerca de mi hotel de este año, en la misma manzana. Aquí estaba El Lisboa, periódico de cuya sección cultural se ocupaba Pereira.
Nada allí recuerda a Antonio Tabucchi ni a su entrañable personaje. Un héroe urbano del siglo XX, que habla al retrato de su mujer difunta, es católico y rutinario, tiene gustos sencillos y encarga obituarios antes de tiempo. 
Vive en Alfama, rua da Saudade, y tiene su oficina y refugio lejos de la central del periódico. Son tiempos oscuros, en los que unos hombres persiguen a otros hombres y la condición de fugitivo acecha por doquier.  Pereira no tenía intención de entrar en el torbellino de los trasterrados. Pero  un día Monteiro Rossi, colaborador de la sección de cultura de O Lisboa, y hombre comprometido con su tiempo, es torturado hasta la muerte en el piso del propio Pereira, en tanto que él mismo, que se encuentra  retenido en otra habitación por miembros de la  misma cuadrilla de facinerosos, no puede hacer nada por salvarle la vida.

No obstante, sí logra  que la verdad salga a la luz contando lo sucedido en su propio periódico, con el recurso de una eficaz finta a la censura. Pereira no sostenía que fuera un hombre corajudo y valiente. Quizá porque lo era de verdad, en el hondón de su alma, como diría Unamuno. Mas llegó la ocasión en que, sin él buscarlo ni quererlo, hubo de mostrar su indignación ante la ignominia y su afecto al entrañable y huidizo amigo. Su última crónica no hablará de escritor alguno, ni francés ni portugués. Un hombre ha sido asesinado.


sábado, 12 de agosto de 2017

CON RAMÓN POR LISBOA. MAÑANA REDACTARÉ EL TEXTO, PORQUE NO SÉ QUÉ SE FIZO DEL QUE TENÍA ESCRITO. Y NO ES LA PRIMERA VEZ QUE ME OCURRE ESTO DE QUE SE ESFUME UNA ENTRADA. LA PRIMERA FOTO ME LA HICE AL SALIR DEGINA EL VIERNES, SORPRENDIDA GRATAMENTE POR LA RACIÓN DE SIETE SARDINAS QUE ME ACABABA DE ENGULLIR. NO SÉ SI ATRIBUÍRLE EL DON A LA CHAQUETA DORADA DE SEDA SALVAJE DE ROBERTO VERINO QUE VESTÍA YO. MAS ASÍ FUE:FUERON SIETE (7). A GINA MERECE, POR SUS MUCHAS GRACIAS, UNA ENTRADA APARTE QUE LE DEDICARÉ CON PRONTITUD. YA LO HICE EN TRIPADVISOR AL VERLAS PAMPLINAS DE ALGUNOS QUE EMITÍAN OPINIONES SOBRE A GINA QUE SE ME ANTOJAN INFUNDADAS. AYER SÁBADO ME FUI DE PASEO CON RAMÓN (ÉL EN MI SOLAPA). LOS SÁBADOS Y DOMINGOS HAY VARIOS MERCADILLOS. RECORRIMOS EL DE LA AVENIDA DA LIBERDADE. A RAMÓN ESTO DE LOS OBJETOS A MONTÓN CONFUSO Y A TRESBOLILLO LE PIRRA, COMO SABEMOS. ME COMPRÉ UN BOLSO DE MALLA DE PLATA QUE ES UN PRIMOR. RAMÓN SE LO QUIERE PONER A LA MUÑECA DEL TORREÓN DE VELÁZQUEZ, Y , LA VERDAD, LE IRÍA COMO ANILLO AL DEDO.PERO LE HE DICHO QUE NASTI. LUEGO NOS FUIMOS AL MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DELCHIADO, UNA AUTÉNTICA DELICIA POR LO BIEN PUESTO QUE ESTÁ Y LO POCO QUE AGOBIA. YA LA CALLE, ESTRECHA Y PINA, MIRANDO AL TAJO, TIENE SU MUCHO ENCANTO. ESTUVIMOS VIENDO LA TERTULIA DE COLUMBANO BORDALO PINHEIRO: OGRUPO DO LEÂO. A RAMÓN LE GUSTA MÁS LA SUYA, LA DE POMBO. LO MALO ES QUE BORJA VILLEL NO LA APRECIA Y LA TIENE PRETERIDA Y DESPROVISTA DEL CROQUIS QUE CONTABA QUIÉN ES QUIÉN. DE LOS SENDOS CAFÉ QUÉ VAMOS ADECIR. NO ES COSA DE PONERSE ELEGIACO Y QUEJUMBROSO, NO OBSTANTE, AHÍ,EN LA FOTO, SE PUEDE VER EL RECUERDO QUE HAN DEJADO EN LA FACHADA DE LACALLE PRIMERO DE DICIEMBRE EN LA ACTUAL MARISQUERÍA QUE, ESO SÍ, MANTIENE EL NOMBRE DEL ANTIGUO CAFÉ. MUCHO PEOR ESTÁ EL ASUNTO DE POMBO. NI UNA MALA PLACA HAY AHÍ EN CARRETAS QUE EVOQUE LA SAGRADA YBOHEMIA CRIPTA, Y BIEN QUE LO HE SOLICITADO YO, LA ÚLTIMA VEZ EN EL ACTO DE CONSTITUCIÓN DE AIR (ASOCIACIÓN INTERNACIONAL RAMÓN) VIMOS TAMBIÉN LOS DIBUJOS DE JOSÉ ALMADA NEGREIROS, GRAN AMIGO Y COLABORADOR TEATRAL DE RAMÓN. A LA ENTRADA DEL MUSEO ESTÁN ADÁN Y EVA DE ERNESTO CANTO DA MAIA, TERRACOTA CON UNA CIERTA ESTILIZACIÓN DE ESTIRPE MODERNISTA Y MUCHO GARBO.